Admítelo, nuestro amor es tan fuerte como el hierro, pero depende de una cuerda que estaba a punto de romperse. Ese sentimiento de agotamiento, de no poder más, ni contigo misma, ni con nada que te rodee, de no querer saber nada de nadie, solo de esa persona, llega a convertirse en enfermizo, mi amor por ti era enfermizo.
Levantarse cada mañana pensando en que esa persona puede que se esté levantando con otra, o que ya no se acuerde de ti duele más que muchas cosas. Saber que esa persona quiere desaparecer totalmente de tu vida, y que seguramente ya tendrá a otra es lo que puede hacer a una persona sentirse como el ombligo del mundo, a veces estaré bien, otras veces mejor, pero diariamente estaré hundida en el mismo agujero, lo veré todo oscuro, como si no hubiera mañana, el sol no volverá a salir sin él, pero él se despreocupa, él ya no tiene que preocuparse por nada, al fin y al cabo eso ya no es asunto suyo, él ya tiene bastante con lo suyo, sin embargo, más tarde me di cuenta de que hay algo dentro de mí que forma parte también de él y no podía dejar escapar tan fácilmente, algo muy doloroso y difícil, pero que debía superar con la mayor valentía posible, y siempre con una sonrisa en la cara, aunque fuera forzada. No debería haber ocurrido así, demasiado joven para algunas cosas, demasiado mayor para otras, según mucha gente que me rodea, sigo siendo una niña encerrada en un cuerpo de mujer, pero no es así.
Veo las cosas de manera diferente al resto de la gente, y no se por qué, pero es un hecho, y no por ello me siento privilegiada, pero si especial. Quizá esto es lo que muchas veces nos llevó a discutir, a acabar llorando por las esquinas y pegándole a las paredes, ¿de verdad era necesario llegar a ese punto? ¿tanta satisfacción da discutir con la persona que amas?
Nunca pensé que podría encontrar a alguien como tú, y sigo manteniéndolo. Quiera o no decirlo, fuiste y eres especial para mi, aparte de un amor, un amigo con el que compartí gran parte de mis experiencias durante un bonito año. No me gustaría que esto acabara como parece que va a acabar, puesto que te sigo echando de menos, y sigo extrañando tus besos y caricias, a pesar del daño hecho hacia mi persona, que no fue poco.
Por último, gracias por haber estado ahí siempre que lo necesité y por hacerme ver cosas que no veía y estaban ahí, delante mía, gracias por ser la persona a la que más he querido, por la que más he sufrido y por la que más he sonreido, gracias por ser quién eres. No desaparezcas de mi vida. Te quiero.
-Rocío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario